Los ricos industriales ganteses de la primera parte del s. XIX fueron los impulsores de la construcción de un nuevo y lujoso teatro de la ópera. Tenía que representar su recién adquirida riqueza y, por tanto, no se reparó en gastos. Con una magnífica sala de espectáculos en forma de herradura, en la que era tan importante ver como ser visto.

La espléndida lámpara que corona la sala es ya una atracción por sí misma, como los tres salones, que suman 90 metros de largo.