El Museo de Bellas Artes de Gante abrió sus puertas al público en el año 1802, siendo el museo más antiguo de Bélgica. Su colección, que se encuentra entre las mejores de Europa, comprende un total de 20.000 obras y abarca desde la Edad Media hasta la primera mitad del siglo XX. Puede admirar una selección de estas obras en el magnífico edificio diseñado por el arquitecto Charles Van Rysselberghe, hermano del pintor Théo Van Rysselberghe. Esta joya arquitectónica de por sí ya merece una visita, dado que fue uno de los primeros edificios diseñados específicamente para albergar un museo. Por ello, cada sala del museo se ve inundada por abundante luz natural.

¿Cuáles son las obras maestras que no se puede perder?

1. San Jerónimo en oración – El Bosco

En el mundo no existe más que una veintena de obras que se pueden atribuir al Bosco con absoluta certeza. Una de ellas es “San Jerónimo en oración’, una obra del siglo XV que representa al santo del pintor. El cuadro representa a San Jerónimo, que se ha retirado en un desierto inhóspito para purgarse de todos los deseos terrenales. Lo vemos orar, acompañado por su fiel león y rodeado de una serie de atributos típicos. En 2016, “San Jerónimo en oración” pasó por un examen y un proceso de restauración exhaustivos, poniendo de nuevo en relieve los magníficos colores y los detalles extraordinarios. ¿No le parece simbólico, para un cuadro cuyo tema principal es la purificación?

San Hiëronymus, ca. 1485–1495

2. Cristo con la Cruz a cuestas – El Bosco

¿Es o no es obra del Bosco? No todos los expertos están convencidos de que el “Cristo con la Cruz a cuestas” se pueda atribuir al Bosco. Algunos sostienen que el lienzo sería obra de un artista coetáneo o de un seguidor con un talento excepcional. Fuera quien fuese el autor de la obra, no se puede negar que despierta la imaginación. Este cuadro, que a primera vista parece un amalgama caótico, constituye realmente una representación cuidadosamente construida de la lucha entre el bien y el mal. En un plano central vemos el rostro de Jesucristo, que se encuentra en el cruce de dos diagonales que unen entre sí las distintas figuras. Entre la multitud de rostros grotescos, el sufrimiento de Jesucristo parece inconmensurable. Y sin embargo, el “Cristo con la Cruz a cuestas” transmite un mensaje de serenidad: Jesucristo siempre vencerá al mal en el mundo, incluso en su inmensa soledad. Una obra intrigante, incluso alucinante, que merece la pena ver.

Cristo con la Cruz a cuestas, ca. 1510–1516

3. Júpiter y Antíope – Anton van Dyck

Cuando el Museo de Bellas Artes adquirió la obra en 1900, algunos miembros de la dirección estimaban que “Júpiter y Antíope” era demasiado atrevida para que lo vieran sus mujeres. Sin embargo, ellos mismos no tenían reparos en verlo. En todo caso, esta obra demuestra a la perfección el virtuosismo de Anton van Dyck. Vemos cómo el dios supremo Júpiter espía a Antíope mientras duerme, acompañado por el águila, su fiel compañero. En la época de Van Dyck, el cuadro representaba una oda a la fertilidad y una condena de la conducta licenciosa. Pero también hay que saber que muchos artistas utilizaban tales escenas mitológicas como “excusa” para representar cuerpos desnudos sin recato. Ya que la obra tiene cierto toque erótico, ¿no cree? En todo caso, la obra fue todo un éxito: existen distintas versiones e incluso el gran maestro Rubens poseía un ejemplar.

Júpiter y Antíope, ca. 1620

4. Baile nupcial al aire libre – Pieter Brueghel el Joven

¿Quiere saber cómo se celebraban las bodas medievales en la época de Brueghel? Al ver el “Baile nupcial al aire libre” se podrá hacer una idea. En primer plano se ven parejas bailando y moviéndose sobre el lienzo al ritmo de una canción que usted mismo deberá imaginarse. En el fondo se ve a la novia con una gran bandeja. Está rodeada de invitados curiosos por saber cuánto dinero han recibido los novios en su gran día. El dinero mueve montañas, y eso siempre ha sido así. Es probable que el cuadro sea una copia de una obra perdida del padre de Pieter Brueghel el Joven, Pieter Brueghel el Viejo.

 

Baile nupcial al aire libre

5. El cleptómano – Théodore Géricault

En el Museo de Bellas Artes podrá admirar de cerca “El cleptómano” de Théodore Géricault. El artista lo pintó alrededor del año 1820, en un hospital parisino donde trabajaba un médico amigo suyo. La obra forma parte de una serie de cuadros que Géricault pintó en este hospital, pero de la que solo se han conservado cinco ejemplares. Cuando esta obra se vendió en una subasta parisina, aún se conocía bajo el nombre “El loco asesino”. Sin embargo, las notas tomadas por Géricault revelaron que “El cleptómano” era un título mucho más apropiado para esta obra. Sea cual sea su nombre, la obra capta el encuentro entre dos individuos con una sensibilidad extraordinaria. Es una de las obras más destacadas de la colección del Museo de Bellas Artes.

El cleptómano, ca. 1820–1824

6. Retrato de familia – Cornelis de Vos

Esta obra maestra de la colección del Museo de Bellas Artes forma parte del tour LGBTQ+, ya que incita a reflexionar acerca de los estereotipos de género. ¿Es capaz de distinguir qué sexo tienen los niños representados en el “Retrato de familia” de Cornelis de Vos? Antiguamente, por comodidad, los niños y las niñas jóvenes vestían la misma ropa. En el cuadro, se puede presumir que los dos hijos a la izquierda son chicos, ya que están al lado de su padre y no llevan ningún colgante con cruz. Cornelis de Vos era amigo de Rubens y dominaba varios géneros. Su especialidad eran los retratos de grupo, y representaba especialmente bien a los niños. No los pintaba como pequeños adultos, sino que los mostraba con su característica espontaneidad y frescura.

Retrato de familia, ca. 1630–1635

7. Interior o Los enamorados – Leon De Smet

Hay que fijarse bien para encontrar a “Los enamorados” en este cuadro de la colección. ¿Los ve, escondidos en un rincón oscuro, entrelazados en un abrazo íntimo? Es un gran contraste con el espacio luminoso en el que se encuentran. Leon De Smet suele jugar con colores refinados, añadiéndoles un toque impresionista para crear una composición equilibrada. El espectador se ve envuelto por el ambiente etéreo que emana del lienzo. Los expertos en arte seguramente se hayan dado cuenta de que el pintor ha integrado dos de sus propios cuadros en esta obra. Están colgadas en la pared. En la repisa de la chimenea se puede observar una famosa estatua: “El pequeño portador de reliquias”, del artista belga George Minne. Esta obra constituye por lo tanto una parada obligatoria en su visita. Déjese sumergir en la silenciosa poesía propia de la obra de De Smet.

Interior o Los enamorados, 1911

8. Fuga – Gustave Van de Woestyne

“Fuga” es una de las obras más expresionistas del pintor belga Gustave Van de Woestyne, y es una de las obras maestras más destacadas del Museo de Bellas Artes. Resulta difícil de creer que la obra se creó hace casi cien años. “Fuga” nos muestra a un campesino en su entorno cotidiano. ¿Cuáles son los elementos le dan forma y contenido a su vida? Su casa, la iglesia, los animales, la naturaleza. Todos los elementos se representan de manera muy simplificada y en colores con un fuerte contraste entre sí. La composición del cuadro se puede comparar con la de un collage.  Todo muy moderno, pero familiar y extraño a la vez. Una maravillosa obra abstracta en contraste con las demás obras del museo.

Fuga, 1925

9. El español en París o Retrato del pintor Francisco Iturrino – Henri Evenepoel

Para terminar, le presentamos una obra maestra de Henri Evenepoel, la única que el pintor vendió a un museo en vida. En “El español en París”, podemos ver al pintor español Francisco Iturrino, que era amigo de Evenepoel. Observamos su figura monumental envuelta en una capa que parece salirse del lienzo. La escena está ambientada en la París bohemia, con el rojo Moulin Rouge de fondo. La obra aparenta ser moderna, con su puesta en escena atrevida, su estilo resuelto y su perspectiva escorzada. Una viejas fotos revelan que la figura de Iturrino fue pintada antes que el fondo. ¡Venga y compruébelo por sí mismo!

Con esto ya le hemos presentado nueve motivos para visitar el Museo de Bellas Artes de Gante. ¡Evidentemente, hay muchos motivos más! Le recomendamos encarecidamente descubrirlos por sí mismo.

 

El español en París o Retrato del pintor Francisco Iturrino, 1899

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