Taxista
Algunos días más tarde, el obispo recibe una nueva carta con instrucciones. Alguien vendría a recoger el rescate, y como identificación, traería la otra mitad del trozo de papel que estaba en el sobre que el obispo había recibido. Nuevo hecho: el ladrón trabaja ahora con un intermediario. En la carta, se designa al sacerdote de la Iglesia de San Lorenzo en Amberes, Henri Meulepas, como persona que debe entregar el rescate. La policía informa al sacerdote y le da un paquete con el rescate. Sin embargo, el paquete no contiene el millón que el ladrón pedía, sino tan solo 25.000 francos belgas. El 14 de junio del 1934, un taxista se presenta en la casa parroquial de Meulepas. El hombre, que no sospecha nada, le entrega un sobre cerrado y le dice que debe recoger un paquete. El sobre contiene un trozo de página de periódico que encaja perfectamente con la otra media página que el/los ladrón(es) ya había(n) enviado. A continuación, Meulepas entrega al taxista el paquete de dinero. El taxista lo acepta y desaparece.
Esto desencadena una serie de reacciones indignadas. Al ladrón claramente no le hace ninguna gracia no haber recibido el millón de francos que se le había prometido. Después de unos meses de correspondencia difícil sin ningún resultado, el día 1 de octubre se recibe la última carta. Pero al cabo de seis semanas de silencio absoluto, ocurre algo curioso… Durante la reunión de un partido político en la ciudad de Dendermonde, un hombre llamado Arsène Goedertier sufre una crisis cardiaca poco después de haber pronunciado su discurso. Goedertier, de 57 años de edad, es el propietario de un pequeño banco en el municipio de Wetteren y se considera como un hombre respetable. Como antiguo sacristán, mantiene además una buena relación con el obispado de Gante. Arsène Goedertier es llevado a casa de su cuñado, donde muere poco después.