Este precioso rincón de Gante es una ciudad dentro de la ciudad. Aquí uno se olvida por un momento de dónde está y se adentra en la Edad Media. ¡Conozca la veterana personalidad de esta magnífica zona! Sienta la nostalgia de las antiguas usanzas. Contemple la arquitectura y el arte. Y disfrute de sus pintorescas calles llenas de acogedores restaurantes, hogareños cafés y modernos bares.

Para gastrónomos

En toda Gante nos va el buen comer. Pero aquí está la proverbial guinda sobre el pastel: en las calles del Patershol, las casas de comidas se suceden una junto a otra. Además, aquí puede hacer un viaje culinario por el mundo, desde cocina japonesa, italiana o española hasta indonesia o turca, y sin olvidar los platos de la abuela flamencos. De estilos, tiene también para elegir: moderno, romántico, algo excéntrico, exclusivo… ¡Buen provecho!

Lo inusitado en lo normal

Si le gusta lo original y lo especial, en su agenda no puede faltar una visita a la Casa de Alijn. Este museo vivencial recientemente renovado ofrece un fascinante viaje para todos los sentidos por las tradiciones y hábitos de Gante. El centro Caermersklooster, un antiguo convento ahora restaurado, tiene una nueva función como plataforma para las artes plásticas. ¿Más ideas originales? ¡Apúntese a una sesión de sauna! En Aqua Azul tiene relajación, bienestar y un impresionante interior modernista.

Cerveza con kroakemandels

No abandone el Patershol después de comer. Tómese tranquilamente un café en la especial atmósfera de la taberna que hay en el patio interior de la Casa de Alijn. En los meses de invierno, no hay ningún local más cálido que el curioso café Rococo. Eso sí, Betty puede tardar en atendernos, pero así tenemos más tiempo para descubrir su universo de luz de velas. En el café Folklore encontramos a los ganteses en estado puro: una cerveza, a veces unos tradicionales kroakemandels (guisantes fritos) y tertulia de bar. Algunos días incluso se sirve bocadillo con uufflakke, una especialidad charcutera gantesa.

Un viejo barrio con alma

A la sombra del Castillo de los Condes de Flandes, los moradores siguen habitando y viviendo, en su tranquilo día a día. Entre vecinos. Con los niños jugando en las calles. El Patershol es más que una zona turística, es sobre todo un hogar, una comunidad con una comisión de fiestas que mantiene las tradiciones. Y esto confiere a sus antiguas calles medievales un singular valor histórico. Piérdase en sus estrechas callejuelas y podrá sentir que en el Patershol sigue viviendo su alma.